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miércoles, 25 de julio de 2012

El león y la liebre vieja

Había un león en la selva que hacía estragos entre los animales. Los supervivientes, para evitar lo peor, hicieron un pacto: el rey se contentaría con una sola comida por día y, a cambio, la víctima elegida iría por sí sola, evitándole tener que ir a cazarla.

Las cosas iban bien para el rey de la selva hasta que le llegó el turno a una liebre vieja y astuta. Acudió ante el león, pero se fingió extenuada por la larga caminata.

- Al venir hacia aquí -jadeó- me ha atacado un león. Me he salvado gracias a la velocidad de mis patas.
- ¿Otro león? -rugió de rabia el rey de la selva ante la sola idea de tener un rival que le disputara sus víctimas. - ¿Dónde está?
- En el lago. Es grande y joven, más fuerte y valiente que tú.
- ¡Eso ya lo veremos! ¡Llévame allí!

El animal, furioso, siguió a la liebre hasta el lago, y allí, asomándose a la orilla, vio un león reflejado en el agua. Se lanzó sobre él, perdió pie y se ahogó.

De esta forma, una inofensiva liebre venció a un cruel tirano. Y por eso hay un refrán que dice "Más vale maña que fuerza".

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miércoles, 18 de julio de 2012

Los ratoncitos

Duerme el gato, bajo la manta,
los ratoncillo danzan y cantan.

Silencio, ratoncillos, dejad de alborotar,
porque podéis a Vaska despertar.

Y si este gato fiero se despierta,
acabará al momento con la fiesta.

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miércoles, 11 de julio de 2012

El gigante y el avaro

Un gigante joven, que era muy bueno, supo que un orfebre era un avaro y no trataba justamente a sus obreros. Entonces se presentó en su taller y solicitó que lo tomara de aprendiz.

El orfebre pensó que un joven tan grande y tan fuerte como aquel podría hacer el trabajo de doce personas. Ya iba a tomarlo, pero quiso saber primero cuánto quería ganar.

- Ni una sola moneda -le aseguró el gigante. Cuando des el salario a los demás, yo te daré un par de martillazos y estaremos en paz.

Pensando en la cantidad de dinero que se ahorraría, el avaro aceptó. Puso al nuevo aprendiz a trabajar con el mazo, pero al primer golpe el yunque se hundió tan profundamente en el suelo que no se pudo sacar.

El orfebre se dio cuenta de que no había hecho un buen negocio y dijo al gigante que se marchara antes de que lo destruyera todo.

- ¿Qué paga quieres por este único golpe que has dado? -preguntó.

- Me conformaré con darte un golpecito...

Le dio una patada y lo mandó volando por encima de los tejados.

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miércoles, 4 de julio de 2012

Los dos samurais y el siervo honrado

Un samurai se dirigía a Kyoto, lamentándose por no haber conseguido un siervo que le llevara el equipaje y le hiciera compañía. Por el mismo camino iba otro samurai, que se lamentaba igualmente de no tener un siervo que lo acompañara.

Se encontraron y decidieron seguir juntos; tendría que llevar cada uno su equipaje pero al menos se harían compañía el uno al otro.

Más adelante encontraron a un pueblerino que también iba a Kyoto y le dijeron si quería entrar a su servicio. El hombre aceptó de buena gana y los samurais le dieron sus largas espadas para que las llevara, pero no les gustaba como escudero y comenzaron a reprenderle:

- Se ve que no eres un guerrero! No sabes llevar las espadas.

Al final, el hombre se cansó de que se metieran con él. Desenfundó una espada y se la puso en el cuello a los samurais.

- Tirad el puñal que lleváis en la cintura!

Después de desarmarlos, les pidió sus bolsas de dinero, sacó lo que le correspondía, tiró las armas y se fue.

- Estas podéis llevarlas vosotros, yo ya me siento suficientemente honrado con llevar vuestro oro.

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