Bienvenido a nuestro "Libro de Cuentos", esperamos que puedas encontrar aquí tus historias favoritas.
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miércoles, 26 de diciembre de 2012

Por qué se volvió blanco el conejo

El piel roja Ojo de Halcón era un valiente cazador pero aquel verano hizo tanto calor que todos los animales de la pradera emigraron en busca de agua y no pudo encontrar ninguna pieza para alimentar a la tribu.

Por eso un día montó en su canoa y decidió seguir a los animales hasta el Polo Norte, donde se habían refugiado.

Después de mucho remar, llegó tan lejos que un día fue sorprendida por una tormenta de nieve; el piel roja se alegró, porque en la nieve podía seguir mejor las huellas de los animales. Encontró las huellas de un ciervo y lo siguó, pero el reflejo de la nieve era tan deslumbrante que casi lo dejó ciego y el cazador se perdió.

Por suerte encontró un conejo pardo que se ofreció generosamente a ayudarlo, guiándolo hasta la canoa. Sobre la nieve, la mancha oscura del animal se veía perfectamente.

Así se salvó Ojo de Halcón. Agradecido, acarició al buen conejo y con su magia hizo que su pelo se volviera blanquísimo, para que nadie pudiera descubrirlo y cazarlo en la nieve.

Y, en adelante, la tribu de Ojo de Halcón no volvió a cazar conejos.

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miércoles, 19 de diciembre de 2012

Los fieles amigos

El caballo de un joven paje estaba tan bien alimentado y cuidado que hasta a la zorra le entraron ganas de tener por amo al paje, para que la trataran igual de bien. Pidió entrar a su servicio, fue aceptada y en efecto, la trataron tan bien que su ejemplo fue seguido por el oso, el lobo y poco a poco por todos los animales del bosque.

Un día, los nuevos amigos del paje se preocuparon de buscar una esposa para su amo y eligieron a la hija del rey. Hicieron las cosas de manera que la princesa se encontrara con el paje y se enamorara de él; pero el rey no aprobó la elección de su hija y la encerró en una torre.

Los criados del paje pensaron en la forma de liberarla. El gato hizo que la joven lo siguiera hasta el mirador y el águila la raptó.

Para vengarse, el rey declaró la guerra a los animales: pero ellos llamaron en su ayuda a todos sus semejantes y formaron un ejército tan numeroso que el rey prefirió rendirse.

Perdonó al paje y le concedió la mano de su hija y desde entonces viven felices rodeados de todos sus amigos.

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miércoles, 12 de diciembre de 2012

El ruiseñor y el búho

Un ruiseñor, encerrado en una jaula ante una ventana, tenía la extraña costumbre de cantar sólo por la noche.

Intrigado, un búho fue a preguntarle el motivo de tan rara costumbre.

- Cuando me atraparon era de día y estaba cantando. Así he aprendido a ser prudente.

- ¿Tienes miedo de que vuelvan a atraparte? Mejor habrías hecho siendo prudente antes, cuando estabas libre. ¡Ahora ya no necesitas serlo!

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miércoles, 5 de diciembre de 2012

Abuelita

Abuelita es muy vieja, tiene muchas arrugas y el pelo completamente blanco, pero sus ojos brillan como estrellas, sólo que mucho más hermosos, pues su expresión es dulce, y da gusto mirarlos. También sabe cuentos maravillosos y tiene un vestido de flores grandes, grandes, de una seda tan tupida que cruje cuando anda.

Abuelita sabe muchas, muchísimas cosas, pues vivía ya mucho antes que papá y mamá, esto nadie lo duda. Tiene un libro de cánticos con recias cantoneras de plata; lo lee con gran frecuencia. En medio del libro hay una rosa, comprimida y seca, y, sin embargo, la mira con una sonrisa de arrobamiento, y le asoman lágrimas a los ojos. ¿Por qué abuelita mirará así la marchita rosa de su devocionario? ¿No lo sabes?

Cada vez que las lágrimas de la abuelita caen sobre la flor, los colores cobran vida, la rosa se hincha y toda la sala se impregna de su aroma; se esfuman las paredes cual si fuesen pura niebla, y en derredor se levanta el bosque, espléndido y verde, con los rayos del sol filtrándose entre el follaje, y abuelita vuelve a ser joven, una bella muchacha de rubias trenzas y redondas mejillas coloradas, elegante y graciosa; no hay rosa más lozana, pero sus ojos, sus ojos dulces y cuajados de dicha, siguen siendo los ojos de abuelita.

Sentado junto a ella hay un hombre, joven, vigoroso, apuesto. Huele la rosa y ella sonríe - ¡pero ya no es la sonrisa de abuelita! - sí, y vuelve a sonreír. Ahora se ha marchado él, y por la mente de ella desfilan muchos pensamientos y muchas figuras; el hombre gallardo ya no está, la rosa yace en el libro de cánticos, y... abuelita vuelve a ser la anciana que contempla la rosa marchita guardada en el libro.

Ahora abuelita se ha muerto. Sentada en su silla de brazos, estaba contando una larga y maravillosa historia.

-Se ha terminado -dijo- y yo estoy muy cansada; dejadme echar un sueñito.

Se recostó respirando suavemente, y quedó dormida; pero el silencio se volvía más y más profundo, y en su rostro se reflejaban la felicidad y la paz; se habría dicho que lo bañaba el sol... y entonces dijeron que estaba muerta.

La pusieron en el negro ataúd, envuelta en lienzos blancos. ¡Estaba tan hermosa, a pesar de tener cerrados los ojos! Pero todas las arrugas habían desaparecido, y en su boca se dibujaba una sonrisa. El cabello era blanco como plata y venerable, y no daba miedo mirar a la muerta. Era siempre la abuelita, tan buena y tan querida. Colocaron el libro de cánticos bajo su cabeza, pues ella lo había pedido así, con la rosa entre las páginas. Y así enterraron a abuelita.

En la sepultura, junto a la pared del cementerio, plantaron un rosal que floreció espléndidamente, y los ruiseñores acudían a cantar allí, y desde la iglesia el órgano desgranaba las bellas canciones que estaban escritas en el libro colocado bajo la cabeza de la difunta. La luna enviaba sus rayos a la tumba, pero la muerta no estaba allí; los niños podían ir por la noche sin temor a coger una rosa de la tapia del cementerio.

Los muertos saben mucho más de cuanto sabemos todos los vivos; saben el miedo, el miedo horrible que nos causarían si volviesen. Pero son mejores que todos nosotros, y por eso no vuelven. Hay tierra sobre el féretro, y tierra dentro de él. El libro de cánticos, con todas sus hojas, es polvo, y la rosa, con todos sus recuerdos, se ha convertido en polvo también. Pero encima siguen floreciendo nuevas rosas y cantando los ruiseñores, y enviando el órgano sus melodías.

Y uno piensa muy a menudo en la abuelita, y la ve con sus ojos dulces, eternamente jóvenes. Los ojos no mueren nunca. Los nuestros verán a abuelita, joven y hermosa como antaño, cuando besó por vez primera la rosa, roja y lozana, que yace ahora en la tumba convertida en polvo.

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