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miércoles, 29 de enero de 2014

El carrito de los helados

Una niña y su madre eran tan pobres que muchas veces no tenían ni pan para comer. Cuando pasaba el hombre de los helados, la niña miraba a los otros que lamían grandes barquillos de colores, pero era por hambre no por glotonería.

El heladero se dio cuenta y quedó tan conmovido que le regaló el carrito entero.

- ¿ Y cuándo se acaba el helado?

- El carrito es mágico y hace helados él solo; no tienes más que decirle los gustos que quieres y después, cuando los recipientes estén llenos, dile así: "Ya basta".

Y así, desde aquel día, tuvieron todo el helado que quisieron.

Pero un día la niña había ido a la casa de una amiguita y a la madre le entraron ganas de comer algo.

- Chocolate y pistacho -ordenó.

E inmediatamente el carrito se puso a hacer helado. Tanto hizo que un recipiente se desbordó y salió un río de pistacho; y del otro, un río de chocolate, porque la mujer no sabía cómo pararlo.

El helado cubrió el pueblo hasta que llegó la niña y dijo "¡Ya basta!", pero quiso volver a la ciudad tuvo que abrirse camino lamiendo chocolate y pistacho.

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miércoles, 22 de enero de 2014

La fuente de la eterna jueventud

En una isla de Japón vivía un viejo leñador con su mujer, tan vieja como él. Se llamaban Yoscida y Fumi, y estaban satisfechos de lo que habían hecho en su larga vida, pero sabían que también para ellos llegaría el día en que la muerte los separaría y ésta era su única e inconsolable pena.

Un día, Yoscida fue al bosque pero con los años todo había cambiado mucho y el leñador se perdió. Halló una fuente y bebió un sorbo de agua. Inmediatamente notó que se volvía como cuando tenía veinte años. Había encontrado la legendaria fuente de la juventud.

Corrió a su casa y su mujer casi no lo reconoció: pero cuando supo lo que había sucedido, pidió que le explicara dónde estaba la fuente milagrosa y, más que contenta, se puso en camino.

Pasaron las horas y como Fumi no volvía, Yoscida se alarmó. Volvió a la fuente y se encontró ¡con una niña que ni siquiera sabía andar! Era la viejita, que había bebido mucha agua.

Yoscida no se amilanó; la tomó en brazos y, por el gran amor que le tenía, desde aquel día hizo de padre para ella y los dos continuaron siendo felices.

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miércoles, 15 de enero de 2014

El padre y las hijas

Las dos hijas de un hombre se habían casado, una con un campesino y otra con un alfarero. Al poco tiempo el padre fue a verlas.

- ¿Cómo van las cosas?

- Bien -contestó la primera. -Pero nos haría falta más agua para regar los campos. ¡Roguemos a dios para que llueva!

- Bien -contestó la otra. -Pero roguemos a dios para que haga sol y se sequen las vasijas.

- Y yo -se enfadó el padre- ¿por cuál cosa tengo que rogar, si tú quieres una cosa y ella otra?

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lunes, 6 de enero de 2014

El gran Kotei y el águila de oro

Kotei fue el emperador más importante del antiguo Japón. Venció a todos sus enemigos y conquistó inmensos territorios. Según cuentan las leyendas, entre otras cosas él fue quien inventó la brújula y los barcos, de los que se sirvió para sus empresas.

Sin embargo, Kotei reinó con prudencia y justicia, hasta el punto que los japoneses nunca fueron tan ricos y felices como entonces.

Un día, el emperador ya muy anciano, paseaba despacito por el parque apoyándose en un bastón. De pronto vio venir hacia él un águila que brillaba como si fuese de oro. El ave, dando vueltas en el aire, fue bajando hasta posarse a los pies de Kotei.

El emperador comprendió y dijo:

- Mensajero del cielo, ¿has venido a decirme que mi vida toca a su fin?

El águila bajó la cabeza. Kotei se despidió de su familia: todos se postraron ante él, llorando y abrazándole las rodillas. Después, Kotei montó en el águila, que estiró las alas y se dirigió al cielo donde pronto desapareció, convirtiéndose en un puntito insignificante entre los brillantes rayos del sol.

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