Bienvenido a nuestro "Libro de Cuentos", esperamos que puedas encontrar aquí tus historias favoritas.
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miércoles, 9 de octubre de 2013

El barril mágico y la espada encantada

Iván el cosaco había salvado a una maga que, a cambio, le había regalado un barril mágico: si se giraba hacia un lado aparecía un castillo; y si se giraba hacia el otro, el castillo desaparecía.

Pero Iván no sabía qué hacer con él y hacía tiempo que esperaba una ocasión buena para cambiarlo por un objeto más útil.

Una noche, encontró a un viejo que le pidió de comer. Iván hizo aparecer el castillo, invitó generosamente al anciano a entrar y le dio de comer hasta saciarse en la mesa que encontraron ya preparada. Al viejo le gustó mucho el castillo y quiso comprarlo; a cambio le daría su espada.

- ¿Para qué la quiero? - la rechazó Iván. Yo ya tengo mi sable.

- Pero ésta es mágica. Basta con levantar un brazo y ella lo hace todo. Para demostrarlo, el viejo levantó el brazo y la espada voló a talar un bosque cercano. El negocio se cerró inmediatamente.

Cuando Iván volvió a su casa, encontró que la ciudad estaba sitiada. Levantó el brazo y la espada venció a todo el ejército enemigo. El zar lo ascendió a general y además le dio a su hija por esposa. ¡Y todo por un gesto de generosidad!

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miércoles, 2 de octubre de 2013

Los novios

El trompo se enamoró perdidamente de una pelota que vivía junto a él en el cajón de los juguetes y la pidió en matrimonio.

- Estamos hechos el uno para el otro. Tu rebotas y yo bailo; juntos haremos una magnífica pareja.

Pero la pelota era vanidosa y un trompo le parecía un marido muy modesto, así que lo rechazó.

- Yo vuelo hasta el cielo -explicó- y estoy prometida con un vencejo. Y con él me voy a casar.

Un día la pelota desapareció y el trompo pensó que se habría casado; pero no la olvidó y continuó suspirando por ella.

Mucho tiempo después, un golpe muy fuerte hizo rebotar al trompo muy lejos. La suerte quiso que fuera a parar en la cuneta de un caminito donde también había acabado su vieja amiga.

La pelota estaba muy estropeada, ya que durante todos aquellos años había estado expuesta a la lluvia y a la intemperie, pero el trompo la reconoció y volvió a pedirla en matrimonio.

La pelota, que ya hacía tiempo se había quitado de la cabeza la idea del vencejo, aceptó ahora gustosa, aunque el trompo ya estaba muy magullado y desconchado.

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miércoles, 25 de septiembre de 2013

La encina y la fuente

Poseidón, que según los antiguos griegos era el dios del mar, no estaba satisfecho con su inmenso reino y quería extender sus dominios también a la tierra.

Eligió para su ataque precisamente Atenas, que por entonces era la ciudad más importante del mundo. Para conquistarla atravesó con su tridente el montecillo sobre el que se alzaba la ciudad.

Su fuerza era tal que perforó la roca de parte a parte y, a través de aquella especie de galería, brotó una fuente de agua salada.

Pero la ciudad estaba bajo la protección de Atenea, la diosa de la sabiduría, que pensó mucho la forma de reconquistarla, aunque sólo fuera simbólicamente como lo había hecho el dios del mar, pero con un símbolo que no sólo representase la fuerza y la sabiduría sino también la inmortalidad.

Pensó y repensó, e inventó un nuevo árbol, cuya simiente plantó junto a la fuente.

Así nació la enorme encima centenaria que todavía se alza en el punto más alto de Atenas, al contrario de la ambiciosa fuente de Poseidón que se secó hace ya mucho, muchísimo tiempo.

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miércoles, 18 de septiembre de 2013

El perro cazador y el perro guardián

Un hombre había amaestrado a sus perros, uno para la caza y otro guardián; pero cuando el perro cazador cogía una presa, los mejores bocados se los daban al perro guardián.

Un día, el perro cazador se quejó a su amigo:

- ¡No es justo! Yo trabajo todo el día y tú comes siempre sin hacer nada.

- Así lo quiere el amo -respondió el perro guardián. Está claro que para él es más importante premiar a quien protege sus riquezas que recompensar al que va de caza.

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miércoles, 11 de septiembre de 2013

Aldebarán y los camellos celestes

Aldebarán, el astro más luminoso de la constelación del Toro, se enamoró de Electra, la estrella más hermosa de las Pléyades, y fue a pedir su mano llevándole de regalo un rebaño de camellos, pero por el camino fue atacado por otro pretendiente, Alción.

La dura lucha aún no ha terminado: todavía en las noches despejadas es posible ver a la azul Electra seguida por el rojo Alción y por Aldebarán con su gran rebaño de camellos celestes, que forman la constelación de las Híades.

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