El amo la trataba igual que trataba al caballo y ella estaba muy orgullosa. Pero un día no tuvo más remedio que correr y entonces se supo la verdad; es decir, que no hay que hacer alarde de ser como el caballo si, en realidad, se es más semejante al asno, y en lugar de galopar como el caballo solo se puede trotar.
domingo, 9 de septiembre de 2018
La mula presuntuosa
El amo la trataba igual que trataba al caballo y ella estaba muy orgullosa. Pero un día no tuvo más remedio que correr y entonces se supo la verdad; es decir, que no hay que hacer alarde de ser como el caballo si, en realidad, se es más semejante al asno, y en lugar de galopar como el caballo solo se puede trotar.

jueves, 16 de agosto de 2018
El pez volador y la gaviota
La gaviota también se alimenta de cosas del mar, pero tiene el nido en tierra firme.
Un día se tragó un erizo de mar y vio las estrellas.
- Te está bien empleado -le dijo el inteligente pez volador. -¡Has querido alimentarte "a la marinera" sin saber lo que es el mar!
Quien abandona el propio oficio y se embarca en una actividad que no conoce corre un gran riesgo.
jueves, 9 de agosto de 2018
La perrita Pirueta
miércoles, 19 de febrero de 2014
Las bolsas de los defectos
Pero cuando llegó el momento de entregarles las bolsas, colgadas en los extremos de una varita, por error puso la bolsa de los defectos ajenos delante del hombre y la otra en la espalda.
Quizás por ésto es tan fácil ver los defectos ajenos y tan difícil darse cuenta de los propios, porque a éstos parece que no los vemos.
jueves, 6 de febrero de 2014
El león y sus socios
Cazaron en una trampa un ciervo y se reunieron para distribuírselo. El león hizo cuatro partes iguales:
- Tomo la primera -dijo- porque me corresponde por derecho; la segunda porque soy el rey de la selva y la tercera porque soy el más fuerte. Y si alguno quiere lo que queda, ¡me lo zampo de un solo bocado!
miércoles, 15 de enero de 2014
El padre y las hijas
- ¿Cómo van las cosas?
- Bien -contestó la primera. -Pero nos haría falta más agua para regar los campos. ¡Roguemos a dios para que llueva!
- Bien -contestó la otra. -Pero roguemos a dios para que haga sol y se sequen las vasijas.
- Y yo -se enfadó el padre- ¿por cuál cosa tengo que rogar, si tú quieres una cosa y ella otra?
miércoles, 18 de septiembre de 2013
El perro cazador y el perro guardián
Un día, el perro cazador se quejó a su amigo:
- ¡No es justo! Yo trabajo todo el día y tú comes siempre sin hacer nada.
- Así lo quiere el amo -respondió el perro guardián. Está claro que para él es más importante premiar a quien protege sus riquezas que recompensar al que va de caza.
miércoles, 7 de agosto de 2013
El águila y el cuervo
Pero el cordero pesaba demasiado para él y además sus pequeñas garras quedaron pilladas entre la rizada lana del animal, por lo que fue el pájaro el que quedó atrapado.
El pastor lo vio, lo sujetó y lo metió en una jaula.
Quien había querido imitar al águila tuvo que padecer las burlas de todos.
miércoles, 1 de mayo de 2013
El lobo y la garza
El lobo se había tragado una espina y fue a buscar a la garza para que se la quitase.
- Te recompensaré espléndidamente por este favor -le prometió.
La garza aceptó. Metió su largo pico en la boca del lobo y en un instante le quitó la espina.
Entonces, el lobo le dio las gracias e hizo ademán de marcharse.
- ¿Y la recompensa? -lo detuvo la garza.
- ¿Cómo? Has metido la cabeza en mi boca y no te he comido. ¿Te parece poco?
miércoles, 20 de febrero de 2013
La tortuga y la zorra
- Prueba a ponerme un poco en remojo en el agua -le sugirió la astuta tortuga.
A la zorra le pareció un buen consejo. Llevó a su presa al río y la metió en el agua. La tortuga, muy buena nadadora, se le escapó en dos brazadas y volvió a salir en mitad del río, haciéndole burla.
- ¿No sabes que los hay más listos que tú? Ahora, ¡aguántate el hambre!
miércoles, 16 de enero de 2013
La víbora, las ranas y la culebra
Una víbora iba a menudo a beber en una charca que una culebra consideraba suya, hasta que llegó un momento que los dos animales se declararon la guerra. Las ranas, eternas enemigas de las culebras, se aliaron con la víbora.
El día de la batalla decisiva, las ranas -como no sabían hacer nada más- empezaron a croar. Después, cuando la víbora venció, pretendieron su parte del botín.
La víbora se puso a silbar y les dijo:
- ¡Os pago con vuestra misma moneda!
miércoles, 12 de diciembre de 2012
El ruiseñor y el búho
Intrigado, un búho fue a preguntarle el motivo de tan rara costumbre.
- Cuando me atraparon era de día y estaba cantando. Así he aprendido a ser prudente.
- ¿Tienes miedo de que vuelvan a atraparte? Mejor habrías hecho siendo prudente antes, cuando estabas libre. ¡Ahora ya no necesitas serlo!
miércoles, 11 de abril de 2012
La rana del pantano y la del camino
La del pantano le insistía a su amiga que se fuera a vivir al lado de ella, alejada del camino; que allí estaría mejor y más segura.
Pero no se dejó convencer, diciendo que le era muy difícil abandonar una morada donde ya estaba establecida y satisfecha.
Y sucedió que un día pasó por el camino, sobre la charca, un carretón, y aplastó a la pobre rana que no quiso aceptar el mudarse.
Si tienes la oportunidad de mejorar tu posición, no la rechaces.
jueves, 29 de marzo de 2012
El perro y el reflejo en el río
Y eso es lo que hizo un día que vio en la mesa un asado enorme para doce, casi tan grueso como el tronco de un árbol. Y corre que te corre con aquella maravilla entre los dientes, Pirueta llegó hasta la orilla de un pequeño arroyo transparente y límpido como un espejo.
- Me acercaré a la orilla y me zamparé el asado sin que nadie me moleste -pensó la perrita Pirueta.
Muy contenta la perrita se aproximó al arroyo y metió una pata dentro del agua. Sorpresa! En el agua vio la imagen de un perro con un enorme asado en la boca que parecía más grande que el suyo.
Pirueta, llena de codicia no lo pensó dos veces, soltó su comida e intentó clavarle los colmillos al gran asado que tenía el otro perro. Pero la corriente se llevó la corriente de verdad y la perrita Pirueta se quedó con un palmo de narices.
Nunca codicies el bien ajeno, pues puedes perder lo que ya has adquirido con tu esfuerzo.
domingo, 18 de septiembre de 2011
El águila, el cuervo y el pastor
La vio un cuervo y tratando de imitar al águila, se lanzó sobre un carnero, pero con tan mal conocimiento en el arte que sus garras se enredaron en la lana, y batiendo al máximo sus alas no logró soltarse.
Viendo el pastor lo que sucedía, cogió al cuervo, y cortando las puntas de sus alas, se lo llevó a sus niños.
Le preguntaron sus hijos qué clase de ave era aquella, y les dijo:
- Para mí, sólo es un cuervo; pero él, se cree águila.
miércoles, 14 de septiembre de 2011
La alondra y sus crías
- Ha llegado el momento en que debo pedir a todos mis vecinos que me ayuden con la cosecha.
Una de las alondras jóvenes oyó su decir y lo relató a su madre, preguntándole a qué lugar deberían moverse para su seguridad.
- No hay ninguna necesidad para moverse aún, mi hija -contestó. - El hombre que busca a sus amigos para ayudarle con su cosecha no está realmente preparado.
El dueño del campo vino otra vez unos días más tarde y vio que el trigo empezaba a mostrar exceso de madurez. Él dijo:
- Vendré yo mismo mañana con mis trabajadores y con tantas segadoras como pueda alquilar, y entraré a cosechar.
La alondra madre al oír estas palabras le dijo a sus hijas:
- Ahora sí es el momento para partir, mis pequeñas, ya que el hombre sí lo hará esta vez; él ya no pedirá a sus amigos manejarle su cosecha, sino que cosechará el campo él mismo.
miércoles, 3 de noviembre de 2010
La Liebre y la Tortuga
-¡Miren la tortuga! ¡Eh, tortuga, no corras tanto que te vas a cansar de ir tan de prisa! -decía la liebre riéndose de la tortuga.
Un día, conversando entre ellas, a la tortuga se le ocurrió de pronto hacerle una rara apuesta a la liebre.
-Estoy segura de poder ganarte una carrera -le dijo.
-¿A mí? -preguntó, asombrada, la liebre.
-Pues sí, a ti. Pongamos nuestra apuesta en aquella piedra y veamos quién gana la carrera.
La liebre, muy divertida, aceptó.
Todos los animales se reunieron a lo largo del camino que orillaba el bosque para presenciar la carrera. Se señaló cuál iba a ser el camino y la llegada. Junto al puente que cruzaba el arroyo, la liebre y la tortuga se dieron la pata y partieron, tan pronto como el negro cuervo, que era el árbitro, lanzó un agudo graznido como señal, y comenzó la carrera entre grandes aplausos.
Confiada en su ligereza, la liebre dejó partir a la tortuga y se quedó remoloneando. La liebre saltaba con excitación a su alrededor, deteniéndose cada pocos metros para husmear y mordisquear los tiernos brotes que crecían junto al camino.
Finalmente, para mostrar su despreocupación y el desprecio que le inspiraba su adversario, la liebre se tendió a descansar sobre un lecho de tréboles. La tortuga, entre tanto, seguía avanzando trabajosamente, centímetro tras centímetro.
-¡La carrera ha empezado! -advirtió la cabra, desde un lado del camino.
Pero la liebre respondió con impaciencia:
-¡Ya lo sé, ya lo sé! Pero la tortuga no podrá llegar antes del mediodía al gran olmo que está en el otro extremo del bosque.
Luego, empezó a correr, corría veloz como el viento mientras la tortuga iba despacio, pero, eso sí, sin parar. Enseguida, la liebre se adelantó muchísimo. Se detuvo al lado del camino y se sentó a descansar.
Cuando la tortuga pasó por su lado, la liebre aprovechó para burlarse de ella una vez más. En esta confianza, se instaló a sus anchas bajo un árbol y se quedó profundamente dormida.
¡Vaya si le sobraba el tiempo para ganarle a tan lerda criatura!
Cada uno de sus diminutos pasos acercaba más a la tortuga al olmo, que era la meta señalada. Avanzaba lenta y pesadamente, exhausta por haber llegado tan lejos a su máxima velocidad, pero cobró fuerzas para una arremetida final, porque ya llegaba a la meta.
Cuando la liebre se despertó, y al ver que la tortuga estaba casi junto al punto de llegada, se levantó de un salto y echó a correr por el camino, a grandes brincos.
Los espectadores gritaban, bailoteaban y saltaban frenéticamente de aquí para allá. Nunca habían imaginado que la carrera pudiera llegar a tal estado.
La liebre corrió con todas sus fuerzas pero ya era demasiado tarde, la tortuga había ganado la carrera. Los espectadores aplaudieron con entusiasmo. Y palmearon a la tortuga en su ancha y lisa caparazón.
Aquel día fue muy triste para la liebre y aprendió una lección que no olvidaría jamás: No hay que burlarse de los demás. También que la pereza y el exceso de confianza pueden hacer que uno no alcance sus objetivos.
viernes, 6 de agosto de 2010
Los Toros y el León
Se conocían desde hacía tiempo y entre ellos todo era paz y amistad.
No imaginaban que, desde lejos, los observaba el león esperando la oportunidad de atacarlos.
Como era un experto cazador, sabía que llevaría las de perder mientras los toros se mantuvieran juntos. Por lo tanto él tenía que proceder con astucia.
Se acercó al lugar donde pastaban y simuló ser un león pacífico que sólo quería tomar sol y dormitar. Poco a poco, fue ganando la confianza de los tres animales.
Los toros llegaron a acostumbrarse a su presencia. Todos los días lo saludaban amablemente y le preguntaban por su salud.
El león, considerando que su plan estaba dando resultado, se acercó a uno de los toros y le dijo al oído:
-¿Qué haces en compañía de esos dos? De lejos se nota que tu raza es superior...
Luego, solapadamente, convenció al segundo de que sus amigos aprovechaban lo mejor del campo y lo condenaban a comer un pasto muy pobre.
-¿Qué les decías a mis amigos? -le preguntó el tercero.
-¿Decirles? ¡Nada! Los escuchaba con disgusto porque no hacen más que hablar mal de ti.
Así, con engaños, consiguió sembrar entre ellos la desconfianza y el recelo. Los toros empezaron a apartarse...
Dejaron de hablarse y pronto comenzaron a pastar a gran distancia uno de otro. El león no esperó más: había llegado el momento de atacar.
Separados, sin compañeros que los protegiesen, los toros fueron fáciles presas para el león.Y, uno a uno, terminaron en sus garras.
Porque la desunión y el enojo, sólo favorecen al enemigo.
miércoles, 21 de julio de 2010
Las cabras monteses y el cabrero
A la mañana siguiente estalló una fuerte tormenta y no pudiendo llevarlas a los pastos, las cuidó dentro. Pero mientras a sus propias cabras sólo les daba un puñado de forraje, a las monteses les servía mucho más, con el propósito de quedarse con ellas.
Terminó al fin el mal tiempo y salieron todas al campo, pero las cabras monteses escaparon a la montaña. Las acusó el pastor de ingratas, por abandonarle después de haberlas atendido tan bien; mas ellas le respondieron:
- Mayor razón para desconfiar de ti, porque si a nosotras recién llegadas, nos has tratado mejor que a tus viejas y leales esclavas, significa ésto que si luego vinieran otras cabras, nos despreciarías a nosotras por ellas.
viernes, 9 de julio de 2010
El ratón campestre y el cortesano
- ¿ Sabes amigo, que llevas una vida de hormiga ? En cambio yo poseo bienes en abundancia. Ven conmigo y a tu disposición los tendrás.
Partieron ambos para la corte. Mostró el ratón ciudadano a su amigo trigo y legumbres, higos y queso, frutas y miel. Maravillado el ratón campesino, bendecía a su amigo de todo corazón y renegaba de su mala suerte.
Dispuestos ya a darse un festín, un hombre abrió de pronto la puerta. Espantados por el ruido los dos ratones se lanzaron temerosos a los agujeros. Volvieron luego a buscar higos secos, pero otra persona incursionó en el lugar, y al verla, los dos amigos se precipitaron nuevamente en una rendija para esconderse.
Entonces el ratón de los campos, olvidándose de su hambre, suspiró y dijo al ratón cortesano:
- Adiós amigo, veo que comes hasta hartarte y que estás muy satisfecho; pero es al precio de mil peligros y constantes temores. Yo, en cambio, soy un pobrete y vivo mordisqueando la cebada y el trigo, mas sin congojas ni temores hacia nadie.




