Bienvenido a nuestro "Libro de Cuentos", esperamos que puedas encontrar aquí tus historias favoritas.
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domingo, 9 de septiembre de 2018

La mula presuntuosa

Hay hombres que nacen en una familia pobre y luego son ricos y famosos. Si son inteligentes, nunca presumirán de ello, porque la rueda de la fortuna siempre gira y les podría suceder lo que a una mula presuntuosa.

El amo la trataba igual que trataba al caballo y ella estaba muy orgullosa. Pero un día no tuvo más remedio que correr y entonces se supo la verdad; es decir, que no hay que hacer alarde de ser como el caballo si, en realidad, se es más semejante al asno, y en lugar de galopar como el caballo solo se puede trotar.

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jueves, 16 de agosto de 2018

El pez volador y la gaviota

El pez volador vive en el mar y se nutre de cosas del mar, si bien de vez en cuando salta fuera de las olas y vuela.

La gaviota también se alimenta de cosas del mar, pero tiene el nido en tierra firme.

Un día se tragó un erizo de mar y vio las estrellas.

- Te está bien empleado -le dijo el inteligente pez volador. -¡Has querido alimentarte "a la marinera" sin saber lo que es el mar!

Quien abandona el propio oficio y se embarca en una actividad que no conoce corre un gran riesgo.


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jueves, 9 de agosto de 2018

La perrita Pirueta

La perrita Pirueta tenía muy buenas cualidades. Sin embargo, ante un asado perdía la cabeza; hasta el punto de que era capaz de robarlo de la fuente, sin esperar a que estuviese cortado en lonchas.

Y eso es lo que hizo un día que vio en la mesa un asado enorme para doce, casi tan grueso como el tronco de un árbol. Y corre que te corre, con aquella maravilla entre los dientes, pirueta llegó hasta la orilla de un pequeño arroyo transparente y límpido como un espejo.

- Me acercaré a la orilla y me zamparé el asado sin que nadie me moleste - pensó la perrita Pirueta.

Muy contenta, la perrita se aproximó al arroyo y metió una pata dentro del agua.

¡Sorpresa! En el agua vio la imagen de un perro con un enorme asado en la boca que parecía más grande que el suyo. Pirueta, llena de codicia, no se lo pensó dos veces: soltó su comida e intentó clavarle los dientes al gran asado que tenía el otro perro.

En eso, la corriente se llevó la carne de verdad y la perrita Pirueta se quedó con un palmo de narices pensando en el famoso refrán que dice "más vale pájaro en mano que ciento volando".


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miércoles, 19 de febrero de 2014

Las bolsas de los defectos

Según una leyenda griega, cuando los hombres fueron creados el buen dios Zeus entregó a cada uno dos bolsas; una llena de sus propios defectos y la otra llena de los defectos de los demás.

Pero cuando llegó el momento de entregarles las bolsas, colgadas en los extremos de una varita, por error puso la bolsa de los defectos ajenos delante del hombre y la otra en la espalda.

Quizás por ésto es tan fácil ver los defectos ajenos y tan difícil darse cuenta de los propios, porque a éstos parece que no los vemos.

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jueves, 6 de febrero de 2014

El león y sus socios

La cabra, la oveja y la vaca entraron en sociedad con el león y, como en todas las sociedades, se estableció qué gastos y ganancias se dividirían a partes iguales.

Cazaron en una trampa un ciervo y se reunieron para distribuírselo. El león hizo cuatro partes iguales:

- Tomo la primera -dijo- porque me corresponde por derecho; la segunda porque soy el rey de la selva y la tercera porque soy el más fuerte. Y si alguno quiere lo que queda, ¡me lo zampo de un solo bocado!

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miércoles, 15 de enero de 2014

El padre y las hijas

Las dos hijas de un hombre se habían casado, una con un campesino y otra con un alfarero. Al poco tiempo el padre fue a verlas.

- ¿Cómo van las cosas?

- Bien -contestó la primera. -Pero nos haría falta más agua para regar los campos. ¡Roguemos a dios para que llueva!

- Bien -contestó la otra. -Pero roguemos a dios para que haga sol y se sequen las vasijas.

- Y yo -se enfadó el padre- ¿por cuál cosa tengo que rogar, si tú quieres una cosa y ella otra?

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miércoles, 18 de septiembre de 2013

El perro cazador y el perro guardián

Un hombre había amaestrado a sus perros, uno para la caza y otro guardián; pero cuando el perro cazador cogía una presa, los mejores bocados se los daban al perro guardián.

Un día, el perro cazador se quejó a su amigo:

- ¡No es justo! Yo trabajo todo el día y tú comes siempre sin hacer nada.

- Así lo quiere el amo -respondió el perro guardián. Está claro que para él es más importante premiar a quien protege sus riquezas que recompensar al que va de caza.

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miércoles, 7 de agosto de 2013

El águila y el cuervo

Un cuervo vio que un águila se lanzaba desde el aire sobre un cordero, lo atrapaba con sus garras y volvía a su nido, y quiso hacer lo mismo.

Pero el cordero pesaba demasiado para él y además sus pequeñas garras quedaron pilladas entre la rizada lana del animal, por lo que fue el pájaro el que quedó atrapado.

El pastor lo vio, lo sujetó y lo metió en una jaula.

Quien había querido imitar al águila tuvo que padecer las burlas de todos.

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miércoles, 1 de mayo de 2013

El lobo y la garza

El lobo se había tragado una espina y fue a buscar a la garza para que se la quitase.

- Te recompensaré espléndidamente por este favor -le prometió.

La garza aceptó. Metió su largo pico en la boca del lobo y en un instante le quitó la espina.

Entonces, el lobo le dio las gracias e hizo ademán de marcharse.

- ¿Y la recompensa? -lo detuvo la garza.

- ¿Cómo? Has metido la cabeza en mi boca y no te he comido. ¿Te parece poco?

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miércoles, 20 de febrero de 2013

La tortuga y la zorra

Una zorra hambrienta cazó una tortuga, pero no consiguió romper el duro caparazón para comerla.

- Prueba a ponerme un poco en remojo en el agua -le sugirió la astuta tortuga.

A la zorra le pareció un buen consejo. Llevó a su presa al río y la metió en el agua. La tortuga, muy buena nadadora, se le escapó en dos brazadas y volvió a salir en mitad del río, haciéndole burla.

- ¿No sabes que los hay más listos que tú? Ahora, ¡aguántate el hambre!

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miércoles, 16 de enero de 2013

La víbora, las ranas y la culebra

Una víbora iba a menudo a beber en una charca que una culebra consideraba suya, hasta que llegó un momento que los dos animales se declararon la guerra. Las ranas, eternas enemigas de las culebras, se aliaron con la víbora.

El día de la batalla decisiva, las ranas -como no sabían hacer nada más- empezaron a croar. Después, cuando la víbora venció, pretendieron su parte del botín.

La víbora se puso a silbar y les dijo:

- ¡Os pago con vuestra misma moneda!

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miércoles, 12 de diciembre de 2012

El ruiseñor y el búho

Un ruiseñor, encerrado en una jaula ante una ventana, tenía la extraña costumbre de cantar sólo por la noche.

Intrigado, un búho fue a preguntarle el motivo de tan rara costumbre.

- Cuando me atraparon era de día y estaba cantando. Así he aprendido a ser prudente.

- ¿Tienes miedo de que vuelvan a atraparte? Mejor habrías hecho siendo prudente antes, cuando estabas libre. ¡Ahora ya no necesitas serlo!

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miércoles, 11 de abril de 2012

La rana del pantano y la del camino

Vivía una rana felizmente en un pantano profundo, alejado del camino, mientras su vecina vivía muy orgullosa en una charca al centro del camino.
La del pantano le insistía a su amiga que se fuera a vivir al lado de ella, alejada del camino; que allí estaría mejor y más segura.

Pero no se dejó convencer, diciendo que le era muy difícil abandonar una morada donde ya estaba establecida y satisfecha.

Y sucedió que un día pasó por el camino, sobre la charca, un carretón, y aplastó a la pobre rana que no quiso aceptar el mudarse.

Si tienes la oportunidad de mejorar tu posición, no la rechaces.

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jueves, 29 de marzo de 2012

El perro y el reflejo en el río

La perrita Pirueta tenía muy buenas cualidades. Sin embargo, ante un asado perdía la cabeza, hasta el punto de que era capaz de robarlo de la fuente sin esperar a que estuviese cortado en lonchas.

Y eso es lo que hizo un día que vio en la mesa un asado enorme para doce, casi tan grueso como el tronco de un árbol. Y corre que te corre con aquella maravilla entre los dientes, Pirueta llegó hasta la orilla de un pequeño arroyo transparente y límpido como un espejo.

- Me acercaré a la orilla y me zamparé el asado sin que nadie me moleste -pensó la perrita Pirueta.

Muy contenta la perrita se aproximó al arroyo y metió una pata dentro del agua. Sorpresa! En el agua vio la imagen de un perro con un enorme asado en la boca que parecía más grande que el suyo.

Pirueta, llena de codicia no lo pensó dos veces, soltó su comida e intentó clavarle los colmillos al gran asado que tenía el otro perro. Pero la corriente se llevó la corriente de verdad y la perrita Pirueta se quedó con un palmo de narices.

Nunca codicies el bien ajeno, pues puedes perder lo que ya has adquirido con tu esfuerzo.

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domingo, 18 de septiembre de 2011

El águila, el cuervo y el pastor

Lanzándose desde una cima, un águila arrebató a un corderito.

La vio un cuervo y tratando de imitar al águila, se lanzó sobre un carnero, pero con tan mal conocimiento en el arte que sus garras se enredaron en la lana, y batiendo al máximo sus alas no logró soltarse.

Viendo el pastor lo que sucedía, cogió al cuervo, y cortando las puntas de sus alas, se lo llevó a sus niños.

Le preguntaron sus hijos qué clase de ave era aquella, y les dijo:

- Para mí, sólo es un cuervo; pero él, se cree águila.

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miércoles, 14 de septiembre de 2011

La alondra y sus crías

Una alondra había hecho su nido a principios de la primavera en el joven trigo verde. Sus crías habían alcanzado casi todo su desarrollo y conocían el uso de sus alas y su cuerpo estaba ya lleno de plumas, cuando el dueño del campo, revisando su cosecha madura, dijo:

- Ha llegado el momento en que debo pedir a todos mis vecinos que me ayuden con la cosecha.

Una de las alondras jóvenes oyó su decir y lo relató a su madre, preguntándole a qué lugar deberían moverse para su seguridad.

- No hay ninguna necesidad para moverse aún, mi hija -contestó. - El hombre que busca a sus amigos para ayudarle con su cosecha no está realmente preparado.

El dueño del campo vino otra vez unos días más tarde y vio que el trigo empezaba a mostrar exceso de madurez. Él dijo:

- Vendré yo mismo mañana con mis trabajadores y con tantas segadoras como pueda alquilar, y entraré a cosechar.

La alondra madre al oír estas palabras le dijo a sus hijas:

- Ahora sí es el momento para partir, mis pequeñas, ya que el hombre sí lo hará esta vez; él ya no pedirá a sus amigos manejarle su cosecha, sino que cosechará el campo él mismo.

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miércoles, 3 de noviembre de 2010

La Liebre y la Tortuga

En el mundo de los animales vivía una liebre muy orgullosa, porque ante todos decía que era la más veloz. Por eso, constantemente se reía de la lenta tortuga.

-¡Miren la tortuga! ¡Eh, tortuga, no corras tanto que te vas a cansar de ir tan de prisa! -decía la liebre riéndose de la tortuga.

Un día, conversando entre ellas, a la tortuga se le ocurrió de pronto hacerle una rara apuesta a la liebre.

-Estoy segura de poder ganarte una carrera -le dijo.
-¿A mí? -preguntó, asombrada, la liebre.
-Pues sí, a ti. Pongamos nuestra apuesta en aquella piedra y veamos quién gana la carrera.

La liebre, muy divertida, aceptó.

Todos los animales se reunieron a lo largo del camino que orillaba el bosque para presenciar la carrera. Se señaló cuál iba a ser el camino y la llegada. Junto al puente que cruzaba el arroyo, la liebre y la tortuga se dieron la pata y partieron, tan pronto como el negro cuervo, que era el árbitro, lanzó un agudo graznido como señal, y comenzó la carrera entre grandes aplausos.

Confiada en su ligereza, la liebre dejó partir a la tortuga y se quedó remoloneando. La liebre saltaba con excitación a su alrededor, deteniéndose cada pocos metros para husmear y mordisquear los tiernos brotes que crecían junto al camino.

Finalmente, para mostrar su despreocupación y el desprecio que le inspiraba su adversario, la liebre se tendió a descansar sobre un lecho de tréboles. La tortuga, entre tanto, seguía avanzando trabajosamente, centímetro tras centímetro.

-¡La carrera ha empezado! -advirtió la cabra, desde un lado del camino.
Pero la liebre respondió con impaciencia:
-¡Ya lo sé, ya lo sé! Pero la tortuga no podrá llegar antes del mediodía al gran olmo que está en el otro extremo del bosque.

Luego, empezó a correr, corría veloz como el viento mientras la tortuga iba despacio, pero, eso sí, sin parar. Enseguida, la liebre se adelantó muchísimo. Se detuvo al lado del camino y se sentó a descansar.

Cuando la tortuga pasó por su lado, la liebre aprovechó para burlarse de ella una vez más. En esta confianza, se instaló a sus anchas bajo un árbol y se quedó profundamente dormida.

¡Vaya si le sobraba el tiempo para ganarle a tan lerda criatura!

Cada uno de sus diminutos pasos acercaba más a la tortuga al olmo, que era la meta señalada. Avanzaba lenta y pesadamente, exhausta por haber llegado tan lejos a su máxima velocidad, pero cobró fuerzas para una arremetida final, porque ya llegaba a la meta.

Cuando la liebre se despertó, y al ver que la tortuga estaba casi junto al punto de llegada, se levantó de un salto y echó a correr por el camino, a grandes brincos.
Los espectadores gritaban, bailoteaban y saltaban frenéticamente de aquí para allá. Nunca habían imaginado que la carrera pudiera llegar a tal estado.

La liebre corrió con todas sus fuerzas pero ya era demasiado tarde, la tortuga había ganado la carrera. Los espectadores aplaudieron con entusiasmo. Y palmearon a la tortuga en su ancha y lisa caparazón.

Aquel día fue muy triste para la liebre y aprendió una lección que no olvidaría jamás: No hay que burlarse de los demás. También que la pereza y el exceso de confianza pueden hacer que uno no alcance sus objetivos.

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viernes, 6 de agosto de 2010

Los Toros y el León

Había una vez tres toros que pastaban juntos.

Se conocían desde hacía tiempo y entre ellos todo era paz y amistad.

No imaginaban que, desde lejos, los observaba el león esperando la oportunidad de atacarlos.

Como era un experto cazador, sabía que llevaría las de perder mientras los toros se mantuvieran juntos. Por lo tanto él tenía que proceder con astucia.

Se acercó al lugar donde pastaban y simuló ser un león pacífico que sólo quería tomar sol y dormitar. Poco a poco, fue ganando la confianza de los tres animales.

Los toros llegaron a acostumbrarse a su presencia. Todos los días lo saludaban amablemente y le preguntaban por su salud.

El león, considerando que su plan estaba dando resultado, se acercó a uno de los toros y le dijo al oído:
-¿Qué haces en compañía de esos dos? De lejos se nota que tu raza es superior...

Luego, solapadamente, convenció al segundo de que sus amigos aprovechaban lo mejor del campo y lo condenaban a comer un pasto muy pobre.

-¿Qué les decías a mis amigos? -le preguntó el tercero.
-¿Decirles? ¡Nada! Los escuchaba con disgusto porque no hacen más que hablar mal de ti.

Así, con engaños, consiguió sembrar entre ellos la desconfianza y el recelo. Los toros empezaron a apartarse...

Dejaron de hablarse y pronto comenzaron a pastar a gran distancia uno de otro. El león no esperó más: había llegado el momento de atacar.

Separados, sin compañeros que los protegiesen, los toros fueron fáciles presas para el león.Y, uno a uno, terminaron en sus garras.

Porque la desunión y el enojo, sólo favorecen al enemigo.

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miércoles, 21 de julio de 2010

Las cabras monteses y el cabrero

Llevó un cabrero a pastar a sus cabras y de pronto vio que las acompañaban unas cabras monteses. Llegada la noche, llevó a todas a su gruta.

A la mañana siguiente estalló una fuerte tormenta y no pudiendo llevarlas a los pastos, las cuidó dentro. Pero mientras a sus propias cabras sólo les daba un puñado de forraje, a las monteses les servía mucho más, con el propósito de quedarse con ellas.

Terminó al fin el mal tiempo y salieron todas al campo, pero las cabras monteses escaparon a la montaña. Las acusó el pastor de ingratas, por abandonarle después de haberlas atendido tan bien; mas ellas le respondieron:

- Mayor razón para desconfiar de ti, porque si a nosotras recién llegadas, nos has tratado mejor que a tus viejas y leales esclavas, significa ésto que si luego vinieran otras cabras, nos despreciarías a nosotras por ellas.

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viernes, 9 de julio de 2010

El ratón campestre y el cortesano

Un ratón campesino tenía por amigo a otro de la corte, y lo invitó a que fuese a comer a la campiña. Mas como sólo podía ofrecerle trigo y yerbajos, el ratón cortesano le dijo:
- ¿ Sabes amigo, que llevas una vida de hormiga ? En cambio yo poseo bienes en abundancia. Ven conmigo y a tu disposición los tendrás.

Partieron ambos para la corte. Mostró el ratón ciudadano a su amigo trigo y legumbres, higos y queso, frutas y miel. Maravillado el ratón campesino, bendecía a su amigo de todo corazón y renegaba de su mala suerte.

Dispuestos ya a darse un festín, un hombre abrió de pronto la puerta. Espantados por el ruido los dos ratones se lanzaron temerosos a los agujeros. Volvieron luego a buscar higos secos, pero otra persona incursionó en el lugar, y al verla, los dos amigos se precipitaron nuevamente en una rendija para esconderse.

Entonces el ratón de los campos, olvidándose de su hambre, suspiró y dijo al ratón cortesano:

- Adiós amigo, veo que comes hasta hartarte y que estás muy satisfecho; pero es al precio de mil peligros y constantes temores. Yo, en cambio, soy un pobrete y vivo mordisqueando la cebada y el trigo, mas sin congojas ni temores hacia nadie.

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