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miércoles, 2 de mayo de 2012

El Arca de Noé de Pedrín - Parte I

Pedrín tenía una maravillosa caseta en el fondo del jardín. Allí guardaba todos sus juguetes: soldados, fortaleza, osito, pepona, libros y  una magnífica arca de Noé con toda clase de animales.

Frente a la caseta había un pequeño estanque, donde Pedrín solía hacer que navegase la gran arca, dos botes y un barco. Así se divertía muchísimo.

Un día su primo Juanito le invitó a su casa, donde pasaría la noche, y le rogó que se llevase toda su flotilla.

- Tengo un precioso estanque en mi jardín -afirmó Juanito. Haremos navegar nuestros barcos y lo pasaremos estupendo. 

Pedrín sacó de su caseta el completo de sus embarcaciones, cerró la puerta y se fue con Juanito. Los demás juguetes se quedaron muy tristes, pues intuyeron que nadie jugaría con ellos aquel día.

- Me fastidia que Pedrín se vaya y nos deje -dijo Osito.
- Los juguetes nunca tienen aventuras como los niños y las niñas -arguyó la pepona. Permanecemos quietos aquí y no hacemos nada a menos que Pedrín juegue con nosotros. Oh! Me gustaría tener una aventura, ¿vosotros no?
- ¿Y lo preguntas? -gritaron los soldados.

El señor y la señora Noé exclamaron: - Quizás algún día gocemos todos una extraordinaria aventura. 
- Bah! -respondieron despreciativos los demás. No es probable que hayan aventuras en su desvencijada arca!

Los esposos Noé quedaron silenciosos. Se habían pasado de moda y a menudo sufrían las burlas de los otros juguetes que se reían de su arca de madera.

Sin embargo, aquella noche hubo una aventura de verdad en la que participaron todos los juguetes. Era medianoche en punto cuando un gran alboroto en el exterior los despertó sobresaltados. Alguien llamaba en la puerta de la casita.

- Abrid, abrid en nombre del rey del País de las Hadas! -decía alguien.

Osito corrió a abrir la puerta y halló a un duendecillo totalmente mojado.

- Oh! -dijo. Ha sucedido una cosa terrible. El Rey la Reina del País de las Hadas navegaban por el lago en su barco para hacer una visita al Príncipe del País Botón de Oro, cuando de repente una tempestad les echó a pique el barco.

- Repámpanos! -gritaron aterrados los juguetes. Se han ahogado?
- No, nadie se ha ahogado -afirmó el duende. Pero todos estamos empapados y el buque se ha hundido. Queremos saber si nos permiten entrar y secarnos.
- Naturalmente que sí! -exclamaron los juguetes. Sentimos vuestra desdicha. Ahora encenderemos fuego en la casa de las muñecas y podréis secaros.

Los soldados corrieron a la casa de las muñecasy abrieron la puerta principal. Encendieron rápidamente el fuego de la salita y de la cocina, y pusieron un jarro de leche con cacao a calentar. 

Luego entraron el rey y la reina totalmente empapados y temblorosos, y se mostraron encantados al ver el chisporroteante fuego. Sentados al calor de las llamas, sus ropas no tardaron en secarse.

Los pequeños duendecillos les sirvieron diminutas tacitas de leche con cacao. 

- Lamentamos que hayan vivido tan triste odisea, Majestades -dijo Osito. Nos gustaría ofrecerles para esta noche la casa de las muñecas pero, desgraciadamente, no hay camas. Pedrín se las dio a una amiguita suya un día que vino a jugar con él. 

- Qué lástima! -exclamó la reina. De todos modos, tampoco nos sería posible aceptar vuestra gentil invitación. Hemos de reanudar el viaje tan pronto estén secas nuestras ropas, pues de lo contrario el Príncipe del País Botón de Oro se preocuparía por nosotros.

- ¿No disponéis por casualidad de un bote que podáis prestarnos? -preguntó el rey. 
- Oh, Majestad! Pedrín se los ha llevado a la casa de su primo -respondieron los juguetes.
- En tal caso, nos conformaríamos con un pequeño vapor de juguete -sugirió el rey.
- Pedrín se lo llevó también -informó la pepona. ¿Cómo podrán sus majestades solucionar el problema del viaje?
- La verdad es que lo ignoro - respondió el rey. Vosotros mismos acabáis de informarnos que no hay camas para dormir ni embarcación que nos lleve. Menudo problema el nuestro!

(Continuará)

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1 comentarios en "El Arca de Noé de Pedrín - Parte I"

Alvaro Llacer dijo...

Me gusta la moraleja del cuento, tiene mucho que enseñar a los niños Cuentos infantiles

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