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miércoles, 27 de abril de 2011

El conejito travieso

Conejito vivía feliz en su casita. A pesar de ésto, se aburría de tan apacible bienestar y estaba deseoso de salir a recorrer el mundo en busca de aventuras.

Un buen día, determinó alejarse para siempre de aquel bosque, y se marchó de casa.

Cuando comunicó sus propósitos a los ratoncitos del campo, ellos le aconsejaron:

- Ten cuidado, Conejito. El bosque tiene muchos peligros y sería lo más prudente que regresaras a tu casa.
- No quiero. Sois unos ratoncitos con demasiado miedo.
- ¿Por qué no escuchas los sabios consejos de la familia Ratonil? -apoyaron los pajaritos. - Recuerda que en el bosque habita también el señor Zorro,y éste le tiene declarada la guerra a todos los conejos.

Pero Conejito se reía mucho.

- ¿El señor Zorro? Nunca oí decir que el señor Zorro se ocupara de los conejos. ¡Adiós, adiós! -marchó el animalito muy contento.

Pero ignoraba que el Zorro ya le había visto, y que se preparaba para darle caza.

- Hola Conejito, ¿va usted de paseo? -preguntó amablemente.
- Voy en busca de aventuras, señor Zorro.
- Estupendo, amiguito. Es una idea magnífica. Para celebrarla, le invito a merendar en mi casa. ¿Acepta?
- Ya lo creo -accedió el confiado Conejito, caminando al lado del astuto Zorro.

El Conejito pensaba que éste era el más atento y bondadoso de los animales que vivían en el bosque. Pero pronto se convenció de lo contrario, al quedar encerrado dentro de la casa.

- ¡Infeliz Conejito! -exclamó el señor Zorro. - Ahora estás en mis manos, y mi merienda vas a ser tú mismo.
- ¡Ay, ay, ay! -se lamentaba el Conejito, llorando arrepentido.

Atraídos por los gritos se acercaron los pajaritos, y vieron el apuro en que se encontraba Conejito. Entonces, decidieron salvarle, y para ello penetraron en la casa por una ventana y picotearon al malvado Zorro.

Pero el Zorro, a pesar de los picotazos, se preparaba a arrojarse sobre su víctima. Entonces, tomaron los pajaritos en sus picos un tizón de la lumbre, y con él prendieron fuego la cola del señor Zorro.

- ¡Socorro, que me quemo! -gritó el Zorro saliendo disparado por la puerta.

Conejito escapó sano y salvo, agradeciendo para siempre a los pajarillos el haberle salvado la vida.

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