Bienvenido a nuestro "Libro de Cuentos", esperamos que puedas encontrar aquí tus historias favoritas.
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miércoles, 31 de julio de 2013

La princesa serpiente

Un intrépido cosaco vio un bosque en llamas y acudió rápidamente, pero no pudo hacer nada para apagar el incendio. En medio del fuego vio a una joven que, desesperada, le pedía ayuda pero él no sabía cómo sacarla de entre las llamas.

- ¡Tiéndeme tu lanza! -le gritó ella.

La joven se transformó en una serpiente y se enroscó en la lanza, y así pudo salvarse. La extraordinaria serpiente le pidió que la llevara a un castillo y, nada más llegar, volvió a convertirse en una muchacha.

- Espérame aquí siete años - dijo al cosaco, y desapareció como por arte de magia.

En el castillo no había nadie pero estaba encantado y bastaba con desear algo para que apareciera la comida o lo que se deseaba. Los siete años pasaron pronto para el fiel cosaco: al fin, volvió a aparecer la princesa serpiente.

Le explicó que había sido víctima de un hechizo, que él había roto con su valor y fidelidad. Entonces lo llevó junto a su padre, el rey, que concedió al valeroso cosaco la mano de su hija.

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miércoles, 24 de julio de 2013

Los tres jeques y la reina de Arabia

Mawia tenía fama de ser la más bella y poderosa reina de Arabia y por ello tenía muchos y distinguidos pretendientes.

Los fue descartando a todos, hasta que sólo quedaron tres jeques, que eran igual de ricos, jóvenes, guapos y fuertes: era muy difícil elegir cuál era el mejor.

Una noche, Mawia se disfrazó y fue al campamento de los tres jeques, que estaban empezando a cenar y les pidió algo de comer.

El primero le dio las sobras; el segundo, el rabo de un camello, y el tercero, que se llamaba Hatim, mandó que le cocinaran las carnes más tiernas y sabrosas.

La reina no dijo nada; cenó, les dio las gracias y se marchó. Al día siguiente, la reina invitó a comer a los tres; pero mandó que a cada uno le sirvieran exactamente lo mismo que le habían dado a ella la noche anterior.

Pero Hatim, que recibió un suculento plato, no quiso comer si los otros no compartían con él su comida. Este gesto convenció del todo a la reina Mawia.

- Sin dudas, Hatim es el más generoso de los tres y por tanto con él me casaré.

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sábado, 20 de julio de 2013

La pluma y el tintero

En el escritorio de un famoso poeta había un tintero que, por la noche, cuando las cosas cobraban vida, se daba mucha importancia. Decía:

- Es increíble la de cosas hermosas que salen de mí. Con una sola gota de mi tinta se llena toda una página. ¡Y cuántas cosas magníficas y conmovedoras se pueden leer en ellas!

Pero sus jactancias provocaron el resentimiento de la pluma:

- ¿No comprendes, tonto barrigudo, que tú sólo eres el que pone la materia prima? Soy yo la que con tu tinta escribo lo que hay en mí. ¡La que realmente escribe es la pluma!

Volvió el poeta, que había ido a un concierto, y con la música se había inspirado. Y escribió en una hoja:

- ¡Qué necios serían el arco y el violín si pensaran que son ellos los que tocan! Igual de necios somos los hombres cuando presumimos de lo que hacemos, olvidando que todos somos simples instrumentos de Dios.

Pero el tintero y la pluma, utilizados para escribir aquellas palabras, no aprendieron la lección.

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martes, 9 de julio de 2013

La soberbia de Icaro

Dédalo, uno de los mayores inventores de la antigüedad, recibió el encargo del rey de Creta de construir un laberinto para encerrar al Minotauro, un monstruo mitad hombre mitad toro, de manera que no pudiera salir nunca de allí.

El ingenioso arquitecto realizó el encargo, pero tiempo después, ayudó a Teseo, un héroe famoso, a matar al Minotauro. El rey, como castigo, encerró en el laberinto a Dédalo junto con su hijo Ícaro. Después de mucho pensar dijo:

- No te preocupes -animó el padre al joven. Ya sé cómo salir de esta prisión.

Construyó un enorme par de alas y las pegó con cera a la espalda del joven de forma que pudieran moverse con el movimiento de los brazos. Después construyó otro par para él.

Las alas funcionaron de maravilla. Con unos cuantos movimientos de los brazos, los dos subieron lo suficiente para sobrevolar las paredes del laberinto, pero el joven, orgulloso, quiso volar todavía más alto, hasta que el calor del sol derritió la cera y sus alas se soltaron.

Ícaro cayó y murió. Dédalo continuó su vuelo hasta llegar a las costas de Italia.

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viernes, 5 de julio de 2013

El manzano y el vilano

Era primavera y el manzano dio sus blancas florecillas, tan bellas que hasta la condesa quedó encantada con ellas. Cortó algunas ramitas y las puso en un gran jarrón en el salón del palacio.

La rama del manzano se sintió orgullosa por el privilegio conseguido gracias a su belleza. Por la ventana veía las flores del jardín y del campo y las compadecía por su insignificancia, sobre todo a los vilanos, a los que los niños quitaban soplando su pelusa, dejándolos desnudos e indefensos. Los compadecía porque el destino los había hecho tan diferentes de ella y a la vez estaba orgullosa de su diferencia, de su belleza, de su bonito jarrón en el salón. No le decía nada el hecho de que el sol la besase de igual manera a ella y a los pobres vilanos.

Pero un día, la condesa llevó al salón un vilano y lo puso en el mismo jarrón, para pintar también la delicada fragilidad y belleza de la flor de campo junto a la florida rama del manzano. Las blancas flores del manzano enrojecieron, avergonzadas.

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